Recorren reliquias de santa Faustina parroquias de Tijuana

Reliquias aumentan la Fe de devotos a la Divina Misericordia

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Leticia Jiménez Guillén

Tijuana, B. C.

Las reliquias de Santa Faustina están recorriendo las parroquias de Tijuana, y del 2 al 23 de agosto estarán motivando la fe de miles de fieles devotos a la Divina Misericordia.

Las reliquias iniciaron un largo peregrinas que partió de Polonia para todo el mundo.

En la ciudad de Cracovia, Polonia, en la colina de la Lagiewniki el Santuario de la Divina Misericordia y la Basílica, con la imagen de Jesús Misericordioso, se encuentran resguardadas las reliquias de Santa María Faustina Kowalska, fallecida el 5 de octubre de 1938 en el Convento de la Congregación al lado del Santuario.

Sor Faustina Kowalska fue beatificada el 18 de abril de 1993 y canonizada por Juan Pablo II el 30 de abril de 2000.

Sus reliquias serán un gran motor para la Fe de los bajacalifornianos, pues se esperan sorpresas que en su momento se darán a conocer por los organizadores.

Su recorrido del 6 al 12 de agosto ha sido: Lunes 6 de agosto se trasladaron de Monte Tabor a la Parroquia Santa María Reina, ubicada en Av. Colina de Montecarlo No. 4, Fracc. Residencial Agua Caliente donde permanecieron hasta las 7:00 de la tarde, y fueron llevadas a la Parroquia Jesucristo Príncipe de la Paz, cuya dirección es C. La punta No. 13503 Col. Lomas Taurinas.

Para el martes 7 de agosto continuaron en la Parroquia Jesucristo Príncipe de la Paz. El miércoles 8 de agosto siguieron en la Parroquia Príncipe de la Paz hasta las 8:00 de la noche, y de ahí se trasladaron al Monasterio de las Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento de Playas de Tijuana, cuya ubicación es Parque B.C.N. y Ventista No. 2380, Playas de Tijuana.

El jueves 9, viernes 10 y sábado 11 de agosto continuaron en el Monasterio de las Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento y este domingo 12 de agosto las reliquias son trasladadas al Monasterio del Convento de las Hermanas Clarisas Capuchinas a la 1:00 de la tarde al, ubicadas en C. Club de Leones No.1, San Antonio de los Buenos, donde permanecerán.

QUIÉN ES SANTA FAUSTINA

Sor Faustina nació en Polonia y con tan sólo un año y medio de estudios escolares y habiendo trabajado como servidora doméstica, ingresó por inspiración divina en 1925 al Convento de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, donde combinó sus deberes religiosos con las tareas de cocinera, jardinera y portera en su convento.

Escribió un libro místico titulado “Diario, la Divina Misericordia en mi alma”, el cual recoge palabras de Jesús sobre la Divina Misericordia, que la propia Santa oyó al Señor durante sus años de vida religiosa. El manuscrito original ocupa seis cuadernos y fue escrito por Santa Faustina por mandato de Jesús y también por mandato de sus confesores.

A esa sencilla religiosa, no formada, pero dotada de una vida interior llena de profundas revelaciones divinas y extraordinarias experiencias espirituales, la escogió el Señor Jesús como “Secretaria y Apóstol” de su Divina Misericordia, “en preparación a su segunda venida”. A través de ella quiso Jesús recordar el mundo de la eterna verdad del amor misericordioso de Dios al hombre transmitiendo nuevas formas de devoción a la Divina Misericordia e inspirando el movimiento de renacimiento de la vida religiosa en el espíritu cristiano de confianza y misericordia.

Jesús dijo a Sor Faustina: “deseo que mi Misericordia sea venerada; le doy a la humanidad la última tabla de salvación, es decir, el refugio en Mi Misericordia” (Diario 998). “(...) Es una señal de los últimos tiempos, después de ella vendrá el día de la justicia. Todavía queda tiempo, que reccurran, pues, a Fuente de Mi Misericordia, se beneficien de la Sangre y del Agua que brotó para ellos” (Diario 848).

La vida espiritual de Sor Faustina se basó en la humildad profunda, la pureza intención y la obediencia amorosa a la voluntad de Dios, a imitación de las virtudes de la Santa Virgen María. Escribió y sufrió en secreto. Solamente su director espiritual y algunas de sus superiores estuvieron concientes de que algo especial pasaba en su vida. Después de su fallecimiento por tuberculosis múltiple a sus 33 años de edad, hasta sus compañeras más cercanas se quedaron asombradas al descubrir las profundas experiencias místicas y los grandes sufrimientos que le habían sido dados a esta hermana, que siempre había sido tan humilde y alegre.

     Sor Faustina escribió en su diario dirigiéndose a Jesús: “mi mayor deseo es que las almas te conozcan, que sepan que eres su eterna felicidad, que crean en Tu bondad y alaben Tu infinita misericordia”. En un comentario profético, Sor Faustina escribió en su diario: “siento muy bien que mi misión no terminará con mi muerte, sino que apenas comenzará”.

LA PROPAGACIÓN DEL MENSAJE DE LA DIVINA MISERICORDIA

El mensaje de la Divina Misericordia quedó documentado en el diario en el cual Sor Faustina escribió las revelaciones divinas y experiencias místicas, junto con sus pensamientos más profundos, sus conclusiones y sus oraciones. No es sino hasta después de su muerte, y muy particularmente a raíz de la Segunda Guerra Mundial, que el mensaje de la Divina Misericordia toma relevancia y comienza a extenderse al resto del mundo.

El mensaje de la Divina Misericordia llegó a los Estados Unidos en 1941, únicamente tres años después de la muerte de Sor Faustina, por medio de un sacerdote polaco, inicialmente escéptico a las promesas contenidas en el mensaje de la Divina Misericordia, que huyó de su país bajo la ocupación nazi y llegó a los Estados Unidos después de un largo e increíble viaje por Lituania, Rusia, Siberia y Japón. El prometió que dedicaría el resto de su vida a propagar el mensaje de la Divina Misericordia si lograba llegar sano y salvo a la casa de los Padres Marianos en los Estados Unidos, promesa que comenzó a cumplir tan pronto lo logró. Ya en 1953, unos millones de ejemplares de literatura sobre la Divina Misericordia habían sido distribuidos por el mundo entero.

En esencia, el mensaje de la Divina Misericordia es un recordatorio de lo que la Iglesia siempre ha enseñado: que Dios es misericordioso y ama a todos sin importar la magnitud de los pecados; pero en este mensaje se llama a una comprensión más profunda de que el amor de Dios no tiene límites, y que está disponible a todos, especialmente al pecador más grande.

 

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