Catequesis
¿para qué?
El fin de la catequesis es conducir a la comunión con Jesucristo,
porque sólo Él puede conducir al amor del Padre en el Espíritu y hacer
partícipes a todos de la vida de la
Santísima Trinidad.
Leticia
Jiménez Guillén
Tijuana, B. C.
“Muy
pronto se llamó catequesis al conjunto de los esfuerzos realizados en la Iglesia para hacer
discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios a
fin de que, por la fe, tengan la vida en su nombre, y para educarlos e
instruirlos en esta vida y construir así el Cuerpo de Cristo”
Así inicia uno de los primeros números
del Catecismo de la
Iglesia Católica, el cual es tomado de la Catechesi tradendae. Menciona también que la
catequesis es una educación en la fe
de los niños, de los jóvenes y adultos, que comprende especialmente una
enseñanza de la doctrina cristiana, dada generalmente de modo orgánico y
sistemático con miras a iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana.
La catequesis pues, se articula dentro
de un cierto número de elementos de la misión pastoral de la Iglesia, que tienen un
aspecto catequético, que preparan para la catequesis
o que derivan de ella: primer anuncio del Evangelio o predicación misionera
para suscitar la fe; búsqueda de razones para creer; experiencia de vida
cristiana: celebración de los sacramentos; integración en la comunidad
eclesial; testimonio apostólico y misionero.
La catequesis está unida íntimamente a
toda la vida de la
Iglesia. No sólo la extensión geográfica y el aumento
numérico de la Iglesia,
sino también y más aún su crecimiento interior, su correspondencia con el
designio de Dios dependen esencialmente de ella. La catequesis entonces reviste
una importancia capital sobre la creación. Se refiere a los fundamentos mismos
de la vida humana y cristiana: explicita la respuesta de la fe cristiana a la
pregunta básica que los hombres de todos los tiempos se han formulado: ¿de
dónde se viene? ¿a dónde se va? ¿cuál
es el origen? Y ¿cuál es el fin?
Los fines y enseñanzas de la
catequesis
El fin de la catequesis es conducir a la comunión con Jesucristo,
porque sólo Él puede conducir al amor del Padre en el Espíritu y hacer
partícipes a todos de la vida de la Santísima Trinidad.
Otro de los fines de la catequesis es
avivar y nutrir en los fieles la fe en la grandeza incomparable del don que
Cristo resucitado ha hecho a su Iglesia: la misión y el poder de perdonar
verdaderamente los pecados, por medio del ministerio de los apóstoles y de sus
sucesores.
En la catequesis lo que se enseña es a
Cristo, el Verbo encarnado e Hijo de Dios y todo lo demás en referencia a Él;
el único que enseña es Cristo y cualquier otro lo hace en la medida en que es
portavoz suyo, permitiendo que Cristo enseñe por su boca.
Una catequesis enfocada a
la oración
El Catecismo de la Iglesia Católica,
respecto a la catequesis también menciona que la catequesis de los niños,
jóvenes y adultos debe estar orientada a que la Palabra de Dios se medite
en la oración personal, se actualice en la oración litúrgica y se interiorice
en todo tiempo a fin de fructificar en una vida nueva. La catequesis es también
el momento en que se puede purificar y educar la piedad popular.
La memorización de las oraciones
fundamentales ofrece una base indispensable para la vida de oración, pero es
importante hacer gustar su sentido.
Regulación de contenidos
del catecismo
En cuanto al contenido, el Código de
Derecho Canónico, menciona que observadas las prescripciones de la Sede Apostólica,
corresponde al Obispo diocesano dictar normas sobre la catequesis y procurar
que se disponga de instrumentos adecuados para la misma, incluso elaborando un
catecismo, si parece oportuno; así como fomentar y coordinar las iniciativas
catequísticas.
Compete a la Conferencia Episcopal,
si se considera útil, procurar la edición de catecismos para su territorio,
previa aprobación de la Sede Apostólica.
En el seno de la conferencia Episcopal
puede constituirse un departamento catequético, cuya
tarea principal será la de ayudar a cada diócesis en materia de catequesis.
En virtud de su oficio, el párroco debe
cuidar de la formación catequética de los adultos,
jóvenes y niños para lo cual empleará la colaboración de los clérigos adscritos
a la parroquia, de los miembros de institutos de vida consagrada y de las
sociedades de vida apostólica, teniendo en cuenta la naturaleza de cada
instituto y también de los fieles laicos, sobre todo de los catequistas; todos
éstos, si no se encuentran legítimamente impedidos, no rehúsen a prestar su
ayuda de buen grado.
RECUADRO
El
párroco procurará...
Teniendo en cuenta las normas dictadas por el
obispo diocesano:
- Que
se imparta una catequesis adecuada para la celebración de los sacramentos.
- Que
los niños se preparen bien para recibir por primera vez los sacramentos de
la penitencia, de la Santísima Eucaristía y de la Confirmación, mediante
una catequesis impartida durante el tiempo que sea conveniente.
- Que
los mismos, después de la primera comunión, sean educados con una
formación catequética más amplia y profunda.
- Que
en la medida que lo permita su propia condición, se dé formación catequética también a los disminuidos físicamente o
psíquicos.
- Que,
por diversas formas y actividades, la fe de los jóvenes y de los adultos
se fortalezca, ilustre y desarrolle.